Wonder Man en su primera aparición. Si Superman levantaba un coche, Wonder Man agarraba un avión.

¿Conoces al “Rey de los cómics”? No, no a Jack Kirby, sino al original, al tipo que primero llevó aquel título. Resulta que se llamaba Victor S. Fox, y como si de un personaje de historieta se tratara, su apellido nos revelaba su personalidad: era un zorro, ¡vaya si lo era!

Fox llegó a la industria del cómic cuando los superhéroes acababan de nacer, allá por 1938. En aquellos momentos publicaba una modesta revista de astrología llamada World Astrology que compartía distribuidora con DC Comics (algunas fuentes señalan que también podía haber trabajado para la editorial como contable, aunque no hay pruebas de ello), pero tan pronto como se enteró a través del catálogo de la distribuidora de las cifras de ventas de los primeros números de Superman decidió que los superhéroes eran el negocio del siglo. Sin pensárselo dos veces, alquiló una oficina en el mismo edificio en el que se encontraban las de DC y contactó con un taller de cómics (empresas que se dedicaban a crear para terceros el contenido de los cómics, desde el guión al entintado y la rotulación) para crear un nuevo título con el que esperaba ganar una fortuna: Wonder Comics.

Fox parecía tenerlo todo de su lado, pues el principal artista del taller era un joven llamado Will Eisner, cuya habilidad con los lápices era muy superior a la de la mayoría de dibujantes de superhéroes que uno solía ver en aquellos tiempos. Sin embargo, nuestro zorro estaba dispuesto a hacer fortuna de manera rápida, así que en 1938 indicó a Eisner que copiara a Superman, dotándole de poderes idénticos e incluso escenas que parecían calcos de las primeras aventuras del kryptoniano. DC no tardó en reaccionar contra su molesto vecino y el caso acabó en los tribunales, con Fox perdiendo el caso y viéndose forzado a dejar de publicar al personaje.

Lejos de desanimarse, Fox decidió seguir intentándolo, aunque enseguida se vio con un problema inesperado: ¡Eisner quería cobrar por su trabajo! Puesto que no llegaron a un acuerdo, Fox se vio obligado a buscar en 1939 a nuevos artistas, pero la suerte volvió a sonreírle, porque encontró a un editor de primera como Joe Simon, además de autores jóvenes pero prometedores de la talla de Jack Kirby o Lou Fine.

El Blue Beetle publicado por Fox, sin el menor parecido con el actual personaje.

Su nuevo superhéroe fue Blue Beetle (el Escarabajo Azul), que en el primer número era un plagio descarado de Green Hornet (el Avispón Verde); en su segunda aparición el personaje obtuvo unos poderes muy similares a los de Superman, aunque no idénticos, y esta vez no hubo denuncias de por medio. También se salió con la suya al crear The Flame (la Llama), un personaje que imitaba a la Antorcha Humana, aunque con suficientes elementos originales como para ser una imitación y no un plagio descarado. Animado por estas creaciones, decidió imitar a Batman, dando en 1940 lugar a un personaje llamado The Lynx (el Lince) al que acompañaba un muchacho de colorido uniforme llamado Blackie. La cosa acabó, como era de esperar, en una nueva demanda de DC, seguido de un juicio que Fox volvió a perder.

Lejos de reconocer sus derrotas, Fox tenía un gran concepto de sí mismo y de su editorial. Solía recibir a sus nuevos artistas, usualmente jóvenes con talento pero desesperados por un empleo, en su enorme despacho y darles una charla sobre lo importante que era su negocio y las cifras astronómicas (y posiblemente falsas) que tenía invertidas en los cómics. De hecho, cuando caminaba entre sus artistas, no dudaba en recordarles a pleno pulmón que él era “el rey de los cómics”, y Kirby se convirtió en un auténtico experto en parodiarlo, lo que acabaría haciendo que él también heredase (aunque esta vez con razón) tan regio apelativo.

Primera aparición de Lynx, con una horrible elección de color que hace parecer que lucha contra el crimen ataviado simplemente con una capa y un bañador.

Los negocios de Fox siguieron creciendo, publicando revistas e incluso un refresco, la Kooba, que era a la Coca-Cola lo que Wonder Man a Superman. Sin embargo, entre las indemnizaciones que debía pagar en los juzgados, la escasa originalidad de sus títulos y el no tan agradable sabor de la Kooba, sufriendo una primera bancarrota en 1942 y, tras una milagrosa recuperación, otra en 1950. Cuando murió unos pocos años después, ya no tenía relación alguna con la industria del cómic. A su paso dejó una colección de personajes de escasa originalidad y un buen montón de deudas sin pagar. Lo dicho, todo un zorro.

Publicado originalmente en la revista DOLMEN nº 291