El Capitán Marvel y su alter ego, Billy Batson. El sueño de ser un superhéroe tan solo costaba 10 centavos.

Cuando yo no era más que un niño, allá por el remoto siglo XX, soñaba con ser un superhéroe. Debo reconocer que para nada era una fantasía original, pues si bien es cierto que yo por entonces no era consciente de ello, la verdad era que mi deseo lo habían compartido niños y niñas de todas las edades desde que apareciera Superman allá por el lejano año 1938.

Dicen que el éxito en los negocios no depende solo de tener buenas ideas, sino también de saber adelantarse a los deseos de los clientes. Y algo cierto debe de haber en ello, porque la editorial Fawcett consiguió iniciar una exitosa carrera en los cómics justamente dando respuesta a aquel alocado sueño de tantos pequeños: crear un superhéroe que fuera un niño, un niño como podríamos haber sido tú y yo. Su nombre era Billy Batson, aunque el mundo llegaría a conocerlo por su nombre de guerra: el Capitán Marvel.

Curiosamente, el Capitán Marvel estuvo a punto de ser un personaje muy diferente del que conocemos. Y es que, cuando la editorial Fawcett decidió expandir su negocio de revistas en 1939 y crear una línea de cómics, puso al cargo de la misma a un veterano editor, Bill Parker. Parker era una persona de gran cultura y con una sincera pasión por la literatura, pero pensaba que los cómics que se publicaban estaban mal escritos y peor dibujados, además de tener muy poca originalidad (no olvidemos que en ese momento casi todos los superhéroes que aparecían eran imitaciones de Superman). Es por ello que, en lugar de imitar lo que todo el mundo hacía, Parker se planteó crear un grupo de superhéroes que bebiera de los clásicos literarios que le apasionaban, y más concretamente de la mitología griega y las leyendas artúricas.

El Capitán Marvel y el mago que le dio sus poderes. De fondo, el significado de las siglas SHAZAM.

Su idea era que cada miembro del supergrupo estuviera imbuido del poder de un personaje de la mitología clásica: la sabiduría del rey Salomón, la fuerza de Hércules, el valor de Aquiles, el poder de Zeus, la resistencia de Atlas y la velocidad de Mercurio. Sin embargo, no todos irían juntos de aventuras, sino que aparecerían en función de los retos que enfrentasen en cada historieta, de modo similar a lo que sucedía con los caballeros de la Mesa Redonda. Sin duda era una idea rompedora en una época en la que aún no existían grupos de superhéroes, ni siquiera la Sociedad de Justicia… pero los directivos de la editorial no lo veían nada claro.

Hay que entender que Superman estaba vendiendo cientos de miles de ejemplares cada mes, y los jefazos de Fawcett, que a fin de cuentas eran empresarios y no críticos literarios, no sentían el menor interés por innovar ni recuperar los clásicos, sino que simplemente querían ganar dinero; cuanto más, mejor. Pese a la insistencia por imitar al Hombre de Acero, Parker era reticente a realizar un mero plagio, así que llegó a un compromiso: crearía un único superhéroe de aspecto poderoso, con un gran logo en el pecho y una capa, pero emplearía todo el trasfondo mitológico que ya había ideado. Además, la idea de un personaje invulnerable le resultaba poco interesante (recordemos que nadie había inventado todavía la kryptonita, por lo que Superman era invencible), así que dio una identidad mortal al personaje, Billy Batson, un niño vulnerable que obtenía superpoderes cuando pronunciaba una palabra mágica que contenía las iniciales de todos los personajes legendarios que le prestaban sus poderes: SHAZAM.

Una vez el concepto estaba claro, era el momento de que C.C. Beck actuara. Beck era un dibujante con cierta veteranía, que se había curtido ilustrando las diferentes revistas de Fawcett, y que desarrolló un estilo de línea clara, similar al de los dibujos animados, que rápidamente se convirtió en uno de los rasgos característicos del personaje y sus aventuras. Aunque aparentemente simple, su estilo se amoldaba perfectamente a historietas de todo tipo, desde las que poseían un tono más mágico hasta aquellas centradas en la Segunda Guerra Mundial, sin olvidar los viajes interplanetarios, los crímenes y el humor, que siempre estuvo presente en grandes dosis.

El Capitán Marvel generó una cantidad enorme de publicaciones relacionadas con él. En su momento de mayor éxito, llegaron a existir nueve títulos relacionados con él.

Tras su aparición en Whiz Comics #2 (1940), el Capitán Marvel ganó rápidamente popularidad, lanzando una nueva serie titulada Captain Marvel Adventures al año siguiente, e inspirando la creación de nuevos personajes, como una versión adolescente llamada Capitán Marvel Jr. (1941), una versión femenina conocida como Mary Marvel (1942), por no mencionar a un conejo superheroico llamado Hoppy (1942). A los niños les encantaba la serie porque se identificaban con el bueno de Billy Batson, pero también porque era divertida, tenía toneladas de aventura y no resultaba repetitiva. Por su parte, a los padres les gustaba porque mostraba mensajes muy positivos (el valor del trabajo, la importancia de la amistad, etc.) y carecía del nivel de violencia y erotismo de otras publicaciones, hasta el punto de que se alargó la falda de Mary Marvel por debajo de la rodilla para no molestar a los lectores más conservadores.

Sin embargo, no todo fueron buenas noticias para Fawcett: DC se asustó del éxito del personaje, que rápidamente rivalizó con el de Superman en popularidad y ventas, por lo que inició un largo litigio en los tribunales. Teóricamente, el Capitán Marvel era un plagio de Superman, afirmación que siempre ha sido muy debatida, pues si bien es cierto que su aspecto físico y alguno de sus poderes poseían similitudes, otros muchos elementos resultaban totalmente originales. De hecho, los juicios se sucedieron uno tras otro sin dar una solución definitiva a la disputa, pero Fawcett decidió tirar la toalla en 1953. La editorial había visto cómo las ventas de la industria del cómic habían descendido con la llegada de la televisión y el aumento de la competencia, y pensó que era ridículo seguir gastando miles de dólares en abogados para mantener a flote un barco que parecía destinado a hundirse de una u otra forma. De este modo, Fawcett dejó de publicar cómics y DC consiguió que el Capitán Marvel desapareciera del mercado.

Hoppy fue, posiblemente, el más curioso de los miembros de la familia Marvel: una mezcla de personaje de dibujos animados y superhéroe.

No obstante, la historia no acabó tan bien como podría esperarse para DC. Ya en los años setenta, la editorial tuvo la posibilidad de conseguir los derechos del personaje y publicarlo de nuevo, pero se encontró con un problema inesperado: ¡Marvel Comics había creado un nuevo superhéroe, lo había llamado Capitán Marvel y había registrado el nombre! DC no tuvo más remedio que tirar de ingenio y cambiar el nombre de la serie por Shazam!, dando lugar a la paradoja de que el personaje original no podía anunciarse bajo su propio nombre.

Desde entonces, el Capitán Marvel ha vivido una gran cantidad de relanzamientos. Algunos han mantenido el tono idílico de las historietas originales, otros han dado un giro más oscuro a las historietas, sin faltar los intentos de recuperar la idea original de Bill Parker y presentar un grupo de superhéroes. Algunas de esas historietas nos han gustado más, otras algo menos, pero sin lugar a dudas todas tienen algo de aquella magia que se activa con tan solo pronunciar una palabra: ¡SHAZAM!

LECTURAS CLAVE (EN ESPAÑOL)

  • Especial Whiz Comics (1940-2015): 75 años de Shazam (ECC)

  • ¡Shazam! La monstruosa sociedad del mal (ECC)

  • Billy Batson y la magia de ¡Shazam! (Colección Kodomo, ECC)

  • ¡Shazam! (ECC)

Publicado originalmente en la revista DOLMEN nº 289