Es increíble el éxito que Avengers: Infinity War (2018) ha cosechado en todo el mundo. Y es que no solo resulta una película entretenida que reúne a un número fabuloso de personajes de Marvel, sino que la historia resuelve finalmente la búsqueda de las Gemas del Infinito por parte del villano Thanos, una subtrama que había ido hilándose a lo largo de la mayoría de las películas de Marvel Studios durante toda una década, que se dice pronto. Por ello, para celebrar el éxito de esta película y la expectación creada por su secuela, Avengers: Endgame (2019), nada mejor que hablar sobre los cómics que inspiraron esta saga.

Curiosamente, la película es un reflejo de los cómics en muchos sentidos: no es solo que la película beba claramente de la serie limitada The Infinity Gauntlet (1991), sino que los cómics también siguieron un lento proceso creativo, ¡nada menos que 18 años desde la aparición de Thanos hasta que obtuvo las Gemas! La gran diferencia fue que, si en las películas la trama se desarrolló de forma constante, en los cómics hubo una gran cantidad de parones. Y es que, para poder comprender el origen de los personajes y el desarrollo de esta saga, es imprescindible hablar de su creador: Jim Starlin, una de las grandes fuerzas creativas del Universo Marvel.

Como muchos autores de su generación, Starlin había aprendido a dibujar de forma autodidacta, imitando desde niño los personajes que aparecían en sus cómics favoritos. Cierto es también tomó algunas clases de dibujo, pero sus profesores pretendían dotarle de un estilo académico totalmente alejado de sus gustos, por lo que su auténtica escuela iban a ser los fanzines, donde fue perfilando su habilidad narrativa y estética.

El salto de los fanzines a una publicación profesional no fue fácil ni rápido: Starlin recibió muchas cartas de rechazo antes de que Marvel Comics, en pleno proceso de expansión, le contratase en 1972. En aquellos tiempos la Casa de las Ideas no dejaba de lanzar nuevos títulos al mercado, pero el equipo editorial eran tan reducido que los autores gozaban de una increíble libertad para desarrollar sus historietas con absoluta libertad; esto iba a dar alas a un Starlin que, tras su paso por la marina estadounidense, tenía la cabeza llena de ideas cuya trascendencia superaban con creces los tópicos del cómic superheroico. Y es que no podemos olvidar que aquellos eran los años de la Guerra de Vietnam, por lo que no puede extrañar que un joven marinero embarcado en el Pacífico diese constantemente vueltas al concepto de la muerte, que acabaría siendo clave en su obra.

El Capitán Marvel contó con dibujantes como Gene Colan o Gil Kane, pero Jim Starlin fue quien mejor supo mostrarlo en las viñetas.

El resultado de aquella etapa de libertad creativa fueron dos series como Captain Marvel (1973-1974) y Warlock (1975-1976), personajes que si bien es cierto que Starlin no creó, sí que desarrolló hasta el punto de hacerlos inconfundiblemente suyos. Fue en aquel momento en el que aparecieron sus personajes más relevantes, destacando entre todos ellos Thanos, que contrariamente a lo que pueda parecer no era una réplica al Darkseid de Jack Kirby, sino que bebía del concepto de “thanatos” (la atracción hacia la muerte), con el que se había sentido fascinado desde que lo descubriera en las clases de Psicología que recibió en la universidad. Pero esta etapa no destaca solo por haber creado buenas historias, revitalizar héroes poco conocidos o inventar nuevos personajes; Starlin también logró dar una mayor consistencia al escenario cósmico de Marvel, otorgándole un carácter mucho más adulto y coherente que el que poseía su principal rival, DC.

Desgraciadamente el caos creativo de Marvel no solo iba a potenciar la creatividad del autor, sino también su malestar con la compañía: los lápices de Captain Marvel eran terminados por el primer entintador que estuviera disponible, impidiendo así que la serie tuviera un aspecto uniforme, lo que acabó con el abandono de Starlin a modo de protesta. Más grave aún fue el problema con Warlock, donde el departamento artístico de la editorial decidió que había que hacer algunos retoques para “mejorar” los dibujos del autor, despertando su ira y provocando su marcha de la editorial, no sin antes matar al personaje.

Adam Warlock heredó muchos de los temas y secundarios del Capitán Marvel, pero al mismo tiempo sus historias se desarrollaron de forma original.

Starlin no volvería a tocar el Universo Marvel hasta 1982, y solo de forma muy breve, para contar los últimos momentos del Capitán Marvel en The Death of Captain Marvel; con Warlock y e Capitán Marvel miertos, todo parecía indicar que Starlin había cerrado su saga y su aportación al Universo Marvel. Cierto es que la editorial no olvidó su legado durante la década de los años ochenta, aunque bien es cierto prefirió centrarse en héroe terrestres, y aunque siguieron apareciendo alienígenas y algunas aventuras se desarrollaron en el espacio, estas no buscaban el tono de gran epopeya cósmica que habían hecho tan diferentes las historietas de Starlin. Por el contrario, DC sí que supo crear sagas de gran carga épica como las Crisis on Infinite Earths o Millenium, dando además mucha fuerza tanto a los Green Lanterns como a los personajes del Cuarto Mundo, adelantando en este tipo de historias a su histórica rival.

Puede que en Marvel se dieran cuenta de que la competencia estaba explotando un nicho que a ellos se les estaba escapando, o quizá fue solamente que los cambios editoriales dentro de la compañía favorecieron el regreso de Starlin; sea por la razón que fuera, el hecho es que el autor volvió en 1990 para guionizar la serie Silver Surfer. En principio no había ningún plan de crear una gran saga que afectase a todo el universo Marvel, pero lo cierto es que los guiones fueron creciendo en intensidad y ambición, Warlock y Thanos estuvieron pronto de vuelta y, antes de que los lectores pudiesen reaccionar, The Infinity Gauntlet ya estaba a la venta. En aquella saga, al igual que en la película, Thanos se deshacía de la mitad de los seres vivos del universo (los motivos eran diferentes a los de la película, eso sí) y planteaba elementos de gran profundidad que no eran habituales encontrar en el mundo del cómic.

Ahora bien, contrariamente a lo que pueda pensarse, Marvel le dio poco bombo a aquel evento, y tan solo tuvo repercusión en Silver Surfer, The Incredible Hulk y Doctor Strange, más algunas referencias menores en series poco populares. Es decir, una saga que afectaba a todo el Universo Marvel pasó sin ser mencionada en los títulos tanto arácnidos como mutantes, los más vendidos de la época, ni en otras series clave como The Avengers o Fantastic Four. Pese a todo, el nombre de Starlin, lo interesante de la premisa y el alto nivel artístico del dibujante George Pérez consiguieron que la saga fuera uno de los grandes éxitos de crítica y ventas de los años noventa, además de ser uno de los grandes eventos de la editorial más coherentes y mejor narrados desde Secret Wars (1984).

Jim Starlin en una fotografía reciente, junto a una escultura de Thanos.

Aquello no fue ni mucho menos el final: Starlin crearía otros dos grandes eventos más, The Infinity War (1992) y The Infinity Crusade (1993), además de una serie regular llamada Warlock and the Infinity Watch (1992-1994), que seguiría explorando el rico cosmos de Marvel. Por eso, aunque es indudable que las películas de Marvel Studios tan solo han seleccionado algunos de los elementos de la obra de Jim Starlin, es importante rendirle homenaje como lo que fue: uno de los grandes pilares de un universo de ficción que supo tratar temas tan complejos como el poder, la corrupción y la muerte, sin por ello dejar de lado la emoción ni la imaginación. ¿Acaso se puede pedir más?

LECTURAS CLAVE (EN ESPAÑOL)

  • Vida y muerte del Capitán Marvel (Colección Marvel Gold, Panini)

  • Warlock: La amenaza de Thanos (Colección Marvel Gold, Panini)

  • El renacimiento de Thanos (Héroes Marvel, Panini)

  • El Guantelete del Infinito: Prólogo (Héroes Marvel, Panini)

  • El Guantelete del Infinito (Héroes Marvel, Panini)

Publicado originalmente en la revista DOLMEN nº 288

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