Muchos años atrás, en una galaxia muy muy lejana (llamada siglo XX), cayó en mis manos el libro Los cómics Marvel, de Rafa Marín. El libro, pequeño y feamente maquetado, había sido su trabajo de fin de carrera. Yo pensaba por aquel entonces que la gente, cuando acababa su carrera, escribía un trabajo muy aburrido sobre algún aspecto totalmente intrascendente de la vida, como la demografía del pueblo de tu abuelo durante el siglo XVIII o el precio de la mojama salada en el barrio durante la Guerra de Cuba. Pero no, parece que aquello no era siempre así, puesto que el libro de Rafa se leía rematadamente bien, era muy divertido y, lo mejor de todo, te hacía reflexionar sobre qué significaban aquellos cómics que yo llevaba devorando desde que había aprendido a leer.

Pasaron las galaxias y los años, pero yo siempre tuve presente que me gustaría hacer algo semejante a ese libro. Y cuando me quise dar cuenta, estaba haciendo una tesina de máster sobre los cómics Marvel de la Segunda Guerra Mundial, que siempre le he bromeado a Rafa diciéndole que era la precuela al suyo. Luego hice otro máster, y en consecuencia otra tesina, esta vez sobre el papel de las mujeres en el cómic (que quedó inédita, por cierto). Y finalmente la tesis doctoral, un puñado de años muy bien invertidos en los que poco menos me alimenté de té y viñetas; no es que sea mala dieta.

Si me preguntan, yo creo que al libro de Rafa se lo debo todo: el aprender a leer cómics, el atreverme a investigar temas que no eran los habituales, el publicar, el hacer la tesis…

Imaginad por lo tanto mi alegría cuando Rafa me contó que había decidido reeditar el libro, pero en una edición ampliada con mucho más material.

Imaginad la cara que se me puso cuando me llamaron de Dolmen para ofrecerme la corrección del libro.

Imaginad ya los saltos de alegría cuando, al terminar el trabajo de corrección, Rafa me pidió que añadiera un epílogo.

Se me hace increíble pensar que en un libro con el que disfruté tanto, que tantísimo me ha inspirado, haya unas palabras mías cerrándolo. Si me lo hubiesen dicho tantos años atrás, lo habría considerado imposible.

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